domingo, 26 de octubre de 2008

Despedida del experimento novelesco

Último trozo de esto-que-no-sé si será una novela o qué
A partir de ahora tendrá su propio espacio en otro blog que estoy creando. Ahí va

Marta cambió en un mes 3 de sus cinco números favoritos en la factura de su teléfono móvil. Empezó rescatando a su amiga de la infancia Malena, de una vida condenada a la soledad, y así tener a alguien junto a ti en el cine de los domingos, y que tu móvil suene no sólo por el despertador y la llamada de los padres. Marta había dejado a Malena más veces que a cualquier novio. La había abandonado sin darle explicaciones una y otra vez desde los 14 años. Le había dejado tiempo suficiente a solas para que ella pintase y pintase, cuadernos, cuadros, servilletas y paredes. Malena era una tímida diseñadora gráfica reconocida, apodada gorfea (de gorda y fea) perpetuamente por los compañeros de colegio que ahora reencontraba en el Facebook. Y no tenía rencor a Marta ahora tras el enésimo abandono, porque Malena no había aprendido a resentirse con la gente, ella simplemente se había amargado y reducido la vida a las dimensiones de su cuerpo y la fachada de su rostro, una manera calculada de no complicarse la vida, una forma aprendida de valorar el sabor amargo, y una larga travesía en el desierto asumida.

A Malena le encantaban las luces de neón, los rótulos de llegada a los sitios, las últimas cucharadas de los helados. Disfrutaba con los finales de las cosas y su email pregonaba theend@designia.com. Era una niña herida con una venda de 30 años, que le tapaba las magulladuras y los ojos. Creía fervorosamente en un Dios, un dios esculpido y aderezado con las trazas de su amiga Marta, aquella persona que veneraba y envidiaba sanamente a gajos iguales. Las intersecciones y muescas de las vidas paralelas desde la infancia, acaban siendo tan íntimas y profundas, que pueden hacer teóloga a una persona de la otra, sin saberlo ninguna de las dos.
Malena quería ser como Marta, y no se atrevía, o no la dejaban, o no debía. Marta quería ser como Marta, pese a no saber quién era. Malena vivía confiada en que estaba en una travesía hacia algo, que su camino desembocaba en otra vida, y sólo la excelencia en su trabajo bastaba de pilar último para seguir aguantando esa fe, aunque a los 30 años empezaba a experimentar temblores cada vez más perceptibles.

El otro número telefónico de rescate era el de Sofía Madel, amiga de la facultad, antónimo de Malena y entonces alejada de Marta también por un novio. Sofía era aquella típica amiga que se hace en la cola de la primera asignatura a matricular en el primer día que se acude a la facultad. Nunca casarse fue menos complicado. Y nunca la afinidad estuvo tanto en entredicho. Son estas uniones parecidas al troquelaje de los patos siguiendo a la mamá. En un mundo nuevo y desconocido en la universidad, se acepta y apoya el compañero de viaje que está más a mano, y se crea una sólida fidelidad, conformista pero suficiente. A nadie le dirás "es mi amiga de la cola de la matrícula de la facultad", si no, Sofía, mi mejor amiga de Relaciones Laborales.
Ya, el roce hace hasta el cariño. Marta y Sofía se odiaban, eran expertas en el esgrima de la ostentación, en el yo más pero te lo digo sutil porque soy educada. Y falso, ellas en la cola de la facultad se hablaron porque eran claramente las más fashion de todo ese pasillo larguísimo, porque en esa pasarela estaban a la misma altura y la cuestión era aliarse o derrocarse en el primer combate. Como ambas eran pésimas reinas de nada, intentaron ser marquesas de la facultad de Relaciones Laborales ex aequo.

El tercer número de teléfono era el de un hombre mayor...

1 comentario:

Siberieee εïз... dijo...

Ja tornes a tancar el xiringuito i a fer-ne un de nouuu!! em fas anar de cul xato! ja ens donaràs l'adreça ( o no?).

un petonas!!